Manuel Velasteguí

Fotografía de Manuel Velasteguí

El escultor guayaquileño de 76 años estudió en la Escuela de Bellas Artes. Sus trabajos han dado al país varios reconocimientos. En 1975 participó en su primera muestra internacional y desde allí vino una trayectoria imparable y de nuevos descubrimientos.

Para el 2 de mayo se alista una exposición por los 50 años de vida artística del escultor. Será en el Pasaje Arosemena (Palacio Municipal).

Manuel Velasteguí tiene el don de descubrir rostros y formas donde otros no lo ven. Ese arte lo cultivó tallando mármol, pero hoy, cincuenta años después de su primera exposición individual, sigue plasmando su talento en madera petrificada, en objetos de reciclaje, en caracoles y hasta en huesos de animales. Sonriente, lleno de energía, este eterno enamorado del arte, cuenta a EXPRESO los momentos más importantes que han marcado su trayectoria.

- ¿Entre tantos logros en cinco décadas, ¿cuál tiene para usted un significado especial?
- En 1983 participé en una exposición del Festival de las Américas, en Nueva York. Entre 120 artistas de diferentes países, Ecuador ganó el primer premio. Pero más allá de la medalla y el diploma, lo más grande para mí fue exponer como solista en el Lincoln Center de Nueva York, el centro mundial del as artes. Tenía listas 19 obras y se venía un gran reto para mí.

- ¿Qué ocurrió?
- Me visitaron de la Cancillería y de la Embajada. Estaban felices por el premio que había ganado para el país y les dije que me regresaba a Ecuador porque debía completar 65 obras. Me respondieron que no y pidieron que un ciudadano ecuatoriano me prestara un espacio. Hubo alguien que me dio el espacio, las máquinas y hasta me compró dos obras. De allí se me abrieron muchas puertas.

- Años después, su incursión en el mundo de la chatarra, ahora llamado reciclaje rescatado, fue polémico…
- Las personas que ya me habían comprado el mármol me decían que cómo me iba a pasar a la chatarra. ¿Quién te va a comprar eso?, me preguntaban. Pero para mí era una manera de identificarme, no estaba pensando en que se venda. Después esas mismas personas al ver el resultado final, compraron varias obras.

- ¿Cómo así ahora también trabaja con caracoles?
- Por la influencia de una decoradora, pues algunas personas que viven en la vía Samborondón han comprado viviendas en Olón y les gusta tener estas obras allí.

- ¿Cuál de sus trabajos se ha vendido mejor?
- Tuve buena acogida en Caracas (Venezuela), en 1975. Allí me quedé un año tres meses preparando obras para exponer. Presenté mi trabajo en el Museo de Bellas Artes, en el Centro Venezolano Norteamericano y en la Universidad Central de Caracas. Económicamente esa fue una de las mejores etapas.

- ¿Hasta dónde lo ha llevado su trabajo en la escultura?
- A Perú, a Chile, a Colombia, a Venezuela, tres veces a Italia y a Estados Unidos en muchas ocasiones.

- ¿Gracias a su arte conoció algún lugar con el que siempre había soñado?
- Sí, conocí las cataratas del Niágara. Recién cumplí ese sueño hace tres años.

- Su arte también engalana las calles de la ciudad…
- En el Parque Lineal están el Quijote y Sancho Panza de cuatro metros. Otra de mis obras es la Virgen María del Paraíso, de un metro cincuenta. También tengo otra que está en la 22 y Alcedo.

Este artículo fue publicado en la versión impresa del diario Expreso del 10 de abril de 2019. Sección Sociedad.

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