Los Constante

Fotografía de Los Constante

María Antonieta Jaramillo dice que allí, entre los 20 cuadros que escogió para llevar a la exhibición del Museo Municipal de Guayaquil, hay uno que tiene un significado especial. Esta obra de su fallecido esposo, el maestro Theo Constante, muestra una guitarra, aquella que tenía en su estudio, junto a sus pinturas y esculturas y que, en incontables ocasiones, tocó para revivir ese flamenco que lo cautivó cuando estudió en España.

Esa guitarra fue parte de su historia, la que rodeó la vida de uno de los grandes de la pintura nacional, del artista que puso en alto el nombre del Ecuador con sus óleos, acrílicos, esculturas y murales y que falleció en 2014.

Con el paso de los años, su apellido se ha convertido en sinónimo de arte, uno que es parte de un legado que comenzó cuando su padre Teobaldo, hombre de óleos, carboncillos, acuarelas, retratos y desnudos se hizo un nombre en el mundo de la cultura. Fue, además, uno de los más destacados caricaturistas del país.

Parte de ese gran legado es el que se mostrará desde este jueves en el museo, cuando se junten las obras de cuatro generaciones de los Constante. Hellen, hija de Theo y nieta de Teobaldo, pone también color a esta historia. Tiene en las venas esa pasión por la pintura. Ha sido ganadores de concursos a nivel nacional, entre ellos el Salón de Julio y en su carrera de más de 35 años ha destacado en exhibiciones nacionales e internacionales. Ha llegado a Asia y a Europa y con su talento da vida a cuadros al óleo, a esculturas y a murales.

Uno de sus más grandes orgullos es ver que allí no queda esa pasión. Sus hijos, Theo, Alejandro y Luis Marmolejo Constante han seguido en esa línea y ahora serán parte de la exhibición “Los Constante, 4 generaciones de artistas”, que ya tuvo una primera etapa ene l Teatro centro de Arte, en noviembre pasado, y que espera trasladarse a otros lugares para que el público pueda disfrutarla.

La generación más joven de artistas asegura que sin darse cuenta ya estaban involucrados en la pintura. De pequeños la vieron de cerca. Era parte de sus juegos, del mancharse completamente de pintura para dar sus primeras pinceladas. Hoy, algunos de ellos radicados al exterior, vuelven para vivir este momento, en el que cada uno pone su sello.

Theo, por ejemplo, es el que resalta por la mezcla de colores para expresar la naturaleza humana. Alejandro, en cambio, tiene una obra de origen ilustrativo, inspirada en la naturaleza propia de la costa ecuatoriana para estampar imágenes de paísajes autóctonos de la localidad. Luis destaca la naturaleza vegetal y la mezcla abstracta de los colores que conforman la misma.

Ayer en un ajetreo emocionado, la familia daba forma a la exposición, en un ir y venir de recuerdos. En una furgoneta blanca llegaron los cuadros de Theo Constante, que fueron bajados cuidadosamente. Las creaciones de los otros artistas de la familia ya estaban allí, esperando para ser colgadas. Pero también llegaron algunas más. Se prevé que haya unas 45 obras para ser mostradas.

Son seis artistas, cuatro generaciones y un apellido. Sueñan con que los Constante sigan dando nuevos talentos al arte y que esa huella en la historia cultural no se borre.

Este artículo fue publicado en la versión impresa del diario Expreso del 07 de enero de 2020.

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